Con un año de retraso y con un visto y no visto en las salas de cine estatales ha llegado Control a este pedazo de tierra. No es que el biopic de Ian Curtis, figura y mesías del post-punk de los años 70, sea una mala cinta o no despierte el interés de los miles de seguidores que a buen seguro aún mantiene por estos lares, seguramente se deba a que con este retraso y aguantando una semana en cartelera la mayoría haya optado por otros métodos para visualizar la labor en la dirección de Anton Corbjin, director de videos musicales como el ‘Personal Jesus’ de Depeche Mode o ‘Heart-Shaped Box’ de Nirvana , y fotógrafo de estrellas como el propio Curtis.


Corbjin optó acertadamente por plasmar toda la vida del líder de Joy Division en blanco y negro, desde su fulgurante éxito hasta su suicidio en la cocina de su casa por las dudas de su vida. Control no es una película frenética, no es un documental sobre el post-punk de Manchester -para eso mejor ver ‘24 Hour Party People’- ni es una cursilada de desamores en triángulo. Es una cinta plana sobre la vida de una persona solitaria, sin confesiones off the record ni grandes estridencias.

La elección de la música es más que correcta, como no podría ser de otro modo. Las principales están ahí, pero, seguramente, a los fanáticos de la banda británica les, nos, hubiese gustado una mayor presencia musical. Pese a todo, lo elegido representa bien la evolución de la banda que tras el final de la vida de Curtis pasaría a ser New Order.

En definitiva, una cinta biográfica sobre la estrella epiléptica más brillante de la historia de la música que se deja ver y a su vez resulta imprescindible para los amantes del post-punk y , en especial, de Joy Division.

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