Fotografía de Live Pict, bajo licencia Creative Commons

Después de dos discos que los encumbraron hasta la saciedad, la llegada con el comienzo del año de ‘Tonight’ volvió a traernos a unos Franz Ferdinand bailables, con distinta fórmula, pero igual de pegadizos. Por ello, cuando un grupo de este caché y que supera con éxito la criba del tercer disco, ese que te condena a convertirte en otra cosa o a morir por repetición de la fórmula, anuncia que va a tocar en Bilbao, hay que hacerse con una entrada a cualquier precio.

Sin embargo, por diversos motivos, como que el concierto caía en jueves, que en vez de llevar de teloneros a Mando Diao aquí venían con los desconocidos Kissogram, que el concierto de ACDC era la misma semana o que simplemente La Casilla en la mayoría de las ocasiones no cuenta con una caja acústica que satisfaga a los más sibaritas, provocaron que, sorprendentemente, las entradas no se acabasen.

Es decir, el foso estaba a reventar, pero en las gradas (pecado ver a un grupo como Franz Ferdinand en la grada si uno no quiere acabar escaleras abajo) se veían bastantes huecos.

Tras unos Kissogram que sorprendieron gratamente a los pocos que se atrevieron, fue el turno de que Alex Kapranos y compañía justificasen que su directo es tan eléctrico como lo son sus canciones.

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Fotografía de Vincent Philbert, bajo licencia Creative Commons

Sin tiempo para saludar, los de Glasgow no dejaron espacio a la duda y comenzaron el espectáculo con un tema como ‘Do You Want To’ con el que el público empezó a bailar sin calentamiento. Y ésta fue prácticamente la tónica del concierto, pues, acompañados de una visuales un tanto pobres como fondo, en La Casilla no dejaron de sonar en todo momento temas del calibre de ‘Walk Away’, ‘Take Me Out’, ‘The Dark of the Matine’, ‘Outsiders’, ‘Tell Her Tonight’, ‘The Fallen’ o ‘40′, que no dieron descanso alguno al público.

Mientras la gente, entre ellos muchos quinceañeros, coreaban los estribillos más y menos conocidos de la banda, en el escenario Kapranos y el guitarra Nick McCarthy ponían el espectáculo con sus bailes, sus arengas al público y una velocidad tocando las cuerdas impensables para el resto de los mortales.

Sin embargo, la apoteosis vino al final del concierto. Tras una primera ronda de escasa hora de duración, los escoceses volvieron al escenario dispuestos a despedir uno de los directos más correctos que se pueden ver a día de hoy. Ver a los cuatro componentes del grupo aporreando a la vez la batería, y haciendo que ésta sonase como debía, o a Kapranos y McCarthy jugando con el sintetizador durante varios minutos como en una buena rave de altas horas de la noche, no hizo más que poner el broche de oro a un jueves mucho más movido de lo normal.

Como único pero reseñable, la gente, en general, no considera aún ‘Bite Hard’ como uno de los mejores temas de Franz Ferdinand. El miedo me lo creó Youtube, y el concierto no hizo más que confirmármelo.

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