Tras una carretera con muchas curvas, a unos cincuenta kilómetros de Bilbao, a escasos diez de Lekeitio, se encuentra un pequeño pueblo ubicado en el mar. El río que divide el pueblo en dos le da nombre. Un nombre poseedor de un Guinness. Ea. El pueblo con el nombre más corto del mundo.
Entre el mar y la estrecha ría que forma en su desembocadura el río, se erigió una ciudad con casas paralelas al río y calles angostas. Su pequeña playa y el puerto, abrigo de los pescadores, acostumbra a quedarse sin agua con la marea baja.
Esta curiosa localidad nació en el siglo XVI como un asentamiento de pescadores de las zonas próximas. Gracias a ello, fue adquiriendo prestigio y riqueza, hasta que en el siglo XIX engulló a las dos localidades a las que pertenecía, creándose Ea.
Más tarde, la localidad fue perdiendo protagonismo, hasta que hoy en día sólo algunos pescadores y barcos de recreo utilizan su puerto. De lo que queda en pie, destacan la parroquia de San Juan Bautista, construida en el año 1550, y la iglesia de Santa María de Jesús, construida también 1550, aunque reedificada en el siglo XVIII.
Dejando atrás Ea seguimos la costa hacia el este. A menos de diez kilómetros nos encontramos otro pueblo de cuento de hadas, Elantxobe. Situado en el cabo de Ogoño, se extiende a lo largo de su empinada ladera dando lugar a una imagen en la que las casas parecen estar apiladas unas sobre otras hasta llegar al mar.
Se puede llegar a su pequeño puerto por una desviación, pero es preferible ir hacia la zona alta y contemplar la magnifica vista que ofrece ‘La Atalaya’.
Esta villa se creo en 1524 como puerto pesquero y adquirió cierta importancia en el siglo XVII como puerto defensivo de la costa vizcaína. Desde entonces y hasta nuestros tiempos fue perdiendo importancia, pero no belleza, ni originalidad. Tanto es así que debido a la estrechez de sus calles, en la única plaza del pueblo hay una plataforma giratoria para que los vehículos de mayor tamaño puedan dar la vuelta y salir por donde han entrado.

Su encantador puerto ofrece sobre todo tranquilidad y relajación Además, es el sitio perfecto para todo aquel que quiera degustar pescado del Cantábrico, gracias a los restaurantes situados en la zona.
Como rasgo curioso, el gentilicio de los residentes en Elantxobe es el de macués. Todo fue debido a la pequeña isla de Izaro, que mucho tiempo atrás las localidades de Bermeo y Mundaka reclamaban como suya. Para decidir a quién pertenecía ese pedazo de tierra se propuso realizar una regata en la que Elantxobe sería el juez. Bermeo ganó la disputa, pero hubo gente que no contenta con el resultado empezó a llamar a Elantxobe mal juez, derivándose macués de la pronunciación castellana de los antiguos habitantes de sus pueblos vecinos.
También circula la leyenda de que en dicha pequeña isla hubo durante un tiempo un monasterio en el que cada noche dos de sus monjes nadaban hasta la costa para buscar los favores de alguna doncella de buen ver. Pese a todo, hoy día la isla de Izaro se mantiene solitaria y ajena a disputas territoriales.
Sea como fuere, lo cierto es que cada 22 de julio se recuerda este hecho con una gira marítima que termina pasando el día en la peculiar localidad pesquera.
Un lugar perfecto para todos aquellos que quieran disfrutar de esta pequeña porción de costa vizcaína, pudiendo completar la visita disfrutando de alguna de las casas rurales con buenos precios y mejores vistas que se encuentran por la zona.


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