La ola perfecta

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La ola perfecta

Con la llegada del verano y el buen tiempo, solemos enfundarnos el bañador y salir corriendo hacia la playa con la intención de tostarnos al sol. Pero las localidades costeras son algo más que arena y mar. Si además de relajarnos en la playa, también nos tomásemos un tiempo para recorrer estos pueblos, descubriríamos lugares llenos de historia, leyendas y, por supuesto, bellos paisajes que contemplar.

Uno de los ejemplos más notorios es Mundaka. Siguiendo la costa vizcaína, tras Elantxobe y junto a la villa de Bermeo, nos encontramos con uno de los rincones más hermosos de Bizkaia. A tan solo 42 kilómetros de Bilbao, este pequeño puerto es conocido internacionalmente por sus olas, lo que atrae todos los años a numerosos surfistas del mundo entero. Debido a que su ola es considerada como una de las mejores “de izquierdas”, se viene celebrando desde 1998 el campeonato de surf Billabong-Pro. Sus playas son ideales para relajarse y desconectar del mundo, en especial la de Laidatxu. No obstante, y como ocurre en casi todas las localidades costeras, existen dos problemas fundamentales. Uno es la gran afluencia de gente que se da cita en ellas y el segundo, es que si viajas en coche, puedes tener problemas a la hora de aparcar debido a que los parkings cercanos se llenan con suma facilidad.

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Sin embargo, Mundaka esconde algo más fuera de su costa. Recorriendo la localidad nos toparemos con lugares sumamente llamativos como la iglesia de Santa Ana, un templo renacentista que se ha mantenido en pie desde el siglo XI, y en la que todavía se venera una reliquia de San Pedro Apóstol. Algo más alejada de la ciudad se encuentra la ermita de Santa Catalina. Datada del siglo XIX y de un estilo entre el gótico y el renacentista, se encuentra rodeada por un paisaje privilegiado, y durante su historia ha servido como lugar de cuarentena para epidemias y reuniones de pescadores y cofradías.
Otro de los lugares más emblemáticos es la plaza de la cruz del calvario. En ella se encuentra una cruz penitencial datada del año 1611.

Dejando a parte los lugares santos, otro de los atractivos del pueblo es perderse entre las estrechas callejuelas de su casco antiguo y contemplar su gran variedad de edificios, entre los que se entremezclan casas de pescadores, mansiones indianas y casonas blasonadas. Para contemplar la inmensidad del mar, nada mejor que el mirador de la Atalaya o el de Portuondo, dónde se puede observar la desembocadura de la ría de Mundaka. Pero si lo que queréis es sentaros a tomar algo, los bares cercanos al puerto os ofrecerán todo tipo de bebidas, pintxos y cazuelitas, a lo que hay que añadir la maravillosa vista que ofrecen sus terrazas. No son excesivamente caros, aunque tampoco podríamos decir que son baratos, ya que también se paga el precio del paisaje. En cuanto a los alojamientos que ofrece Mundaka, la ciudad goza de hoteles de todo tipo, así como de un camping en la zona para el que no quiera gastarse demasiado.

Además de todo esto, Mundaka es conocida por las numerosas leyendas que circulan entorno a ella. Se sabe que la zona ha estado poblada desde el Paleolítico inferior, debido a las cuevas de Santimamiñe, pero el origen del pueblo es todavía desconocido. Una de las hipótesis afirma que fue Tubal, nieto de Noé, quién fundo la ciudad. Sea cierto o no, otra de las fábulas más extendidas trata sobre la historia de una princesa escocesa que fue desterrada de su tierra y cuyo barco arribó en Mundaka en el siglo IX. Estos exiliados decidieron asentarse en la zona y bautizaron el lugar como “munda aqua”, o es lo mismo, “agua limpia”. Años más tarde, la princesa daría a luz un hijo, al que se le llamaría Jaun Zuria, debido a su cabellera rubia. Jaun Zuria creció y acabó liderando a los vizcaínos contra Alfonso III, rey de Asturias y León, derrotándolo en la batalla de Padura y coronándose como primer Señor de Vizcaya. Pero ésta, es ya otra historia…

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