Perdiendo aceite

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Perdiendo aceite

Aunque no sea un fan devoto de las películas de Michael Bay, reconozco que “Transformers” me gustó. A pesar de no ser un producto altamente original, me resultó muy entretenida y, en ocasiones, espectacular. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de “Transformers: La venganza de los caídos”. En esta secuela, Bay vuelve a ofrecer lo mismo que ofrecía en la primera, pero multiplicándolo todo por tres, incluidos los fallos. Y es que “Transformers” podía gustar más o menos al respetable, pero aún sin ser una obra maestra, contaba con un guión que mantenía la tensión, dónde no se dejaban cabos sueltos y que ofrecía unas actuaciones aceptables, sobre todo la de Shia LaBeouf.

shia-labeouf

En “Transformers: La venganza de los caídos”, el argumento brilla por su ausencia. Vale, reconozco que para esta película tampoco era necesario un guión digno de un Óscar, pero es que al menos es necesario tener un guión. La trama con la que nos encontramos es un despropósito de principio a fin. Un despropósito de casi 150 minutos. Dos horas y media dónde no se nos cuenta absolutamente nada. Dos horas y media en dónde lo único que vemos son explosiones y peleas entre estos robots espaciales. Se da tanto protagonismo a estas maquinas alienígenas que los actores solamente aparecen en los momentos de descanso entre una batalla y otra.

Aún así, Megan Fox, Shia LaBeouf, John Turturro y compañía no aprovechan su oportunidad y solo les distinguimos de los robots por el mero hecho de que sabemos que son actores de carne y hueso. Aunque echarles toda la culpa a ellos, no estaría bien por mi parte, ya que los personajes a los que encarnan están trazados con brocha gorda. Parecen salidos de los más rancios arquetipos norteamericanos. Un protagonista, Sam Witwicky, al que dan ganas de abofetearle para ver si espabila. Unos padres de verdadera vergüenza ajena. Un friki-compañero de habitación que no pinta nada en la película. Un John Turturro haciendo de un agente pirado que resuelve las situaciones más complicadas con la facilidad más pasmosa. Y una Megan Fox cuya mayor preocupación es que su novio le diga que la quiere. Además, Fox ha tenido que ver como su belleza ha sido explotada hasta la extenuación. Su primera aparición me recordó a esos calendarios de mujeres que cuelgan en los garajes. Un total esperpento.

meganfox

Los efectos especiales son espectaculares, pero a la vez, excesivos. Bay a querido dotar de tanta autenticidad a sus transformers que se ha pasado. Los robots están perfectamente realizados y las peleas son de un realismo extremo. Tanto es así, que la velocidad de los planos para hacer más creíbles las peleas, llega a resultar mareante y uno pierde la noción de quién está golpeando a quién. Y si a todo esto, le añadimos la esencia patriótica que le da un pelotón de orgullosos soldados norteamericanos cuya misión es salvar el mundo, dispondremos todos los ingredientes de la película.

No dudo que llegará a recaudar una considerable cifra en taquilla, pero el enorme presupuesto de 200 millones de dólares con la que se ha llevado a cabo, no hace justicia ni a su paupérrimo argumento, ni a sus actuaciones. Y preparaos, porque habrá una tercera entrega.

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