Cuando uno se enfrente por primera vez a Murakami existe el temor de estar ante el típico escritor vulgar, ese que gusta a todo el mundo pero a uno le parece insustancial. Uno de esos escritores extranjeros que han llegado a lo más alto de las listas de ventas con bellas historias de amor llenas de palabras huecas que el viento se llevará en unos meses por efímeras. Y en parte, es innegable que la prosa de Haruki tiene algo de todo ello. Pero perdidos los miedos, el escritor japonés va mucho más allá.
‘Tokio blues (Norwegian Wood)’ fue la novela con la que Haruki Murakami dió el consabido salto a la fama que más adelante se materializo en el super ventas ‘Kafka en la orilla’ o en otros libros como ‘Sputnik, mi amor’. Sin embargo, pese a las apariencias, gran parte de su obra continúa sin traducirse al castellano y no despierta gran admiración entre sus colegas de gremio.
Pero aunque Tokio Blues puede parecer una mera novela de amor adolescente, aliñada con algunas peculiaridades del país del Sol Naciente ciertamente lascivas y suicidas, Murakami logra hilvanar las palabras, las ideas y las situaciones con esa maestría que hacen difícil tomarse un respiro. No es una gran historia, los personajes no sueltan a los cuatro vientos reflexiones grandilocuentes, ni el autor lo pretende. Sin embargo, Naoko, Midori y Watanabe son unos personajes complejos muy bien desarrollados que sin grandes frases logran mostrar certeramente tres antítesis en la filosofía con la que afrontar la vida.
Una novela de personajes cuyas vidas están guiadas por una banda sonora en la que tanto decide la canción de los Beatles que completa el título como la Fuga de Bach. Muramaki, que, tenía que decirlo antes de acabar, es gran fan de Perdidos, no opta por la pompa característica de los grandes escritores ni por historias no aptas para quinceañeros, pero casi les alcanza con las armas del bestseller.


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