Son ya muchos cinéfilos los que otorgan directamente a Leonardo Dicaprio (y sin saber si el actor alcanzará protagonismo escénico en la película) el Oscar por su papel del antisocial y salvaje Bernard Marx en el filme Un Mundo Feliz. Pero todos estos son sólo supuestos. Lo que sí está claro es que al alabado director Ridley Scott ( Blade Runner, Alien, el octavo pasajero, …) le toca coger el timón y dirigir la versión cinematográfica de uno de los libros de Aldous Huxley (1894-1963) el enfant terrible de las letras inglesas.

Universal Pictures ha confirmado ser la madre del largometraje en el que Leonardo Dicaprio (en la producción) y Ridley Scott, trabajarán juntos para lograr lo que unas extensas adaptaciones televisivas en 1980 y 1998 no pudieron alcanzar en su día. En esta ocasión, será Farhad Safinia (Apocalypto 2007) el guionista elegido para redactar tan difícil adaptación.
Mientras Scott termina de perfilar su Robin Hood, con Russel Crowe, y de producir junto a Dicaprio el filme de suspense The Low Dweller, el brainstorm para perfilar Un Mundo Feliz ya está en boca de todos.
¿Las películas nunca pueden superar una obra escrita? Aunque el libro de Huxley es extraordinario e inmejorable, dejemos a Ridley sumergirse de nuevo en la ciencia ficción, algo que no se le da nada mal según los críticos cineastas; Un Mundo Feliz tiene mucho de ese género, y más.
No apto para ratones de biblioteca
Huxley describe una democracia, que a la vez resulta ser una auténtica dictadura, dividida en cinco castas desiguales (Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones), a las que les va a dar igual su servidumbre mientras alguien les ofrezca el pan y circo del que todos comimos y comemos (también ahora, claro). A esta (no nueva) lucha contra la sociedad le sumamos que estas castas van a utilizar todos los medios técnicos y científicos que tengan en sus manos para el auténtico control de todos los individuos. Utilizan drogas sintéticas (soma), con las cuáles las personas serán felices sí o sí; los niños son concebidos en probetas y están genéticamente dotados para pertenecer a su clase correspondiente; los anti-sociales o directamente descontentos con el sistema (el Alfa, Bernard Marx) son apartados a otras colonias especiales, dónde con gente común a sus ideales, llegarán también a ser felices…
La versión futurista del autor sumerge al lector en un mundo teñido, aparentemente, de ciencia ficción y anomalías que no son más que un fiel reflejo del verdadero mundo feliz, de la realidad en la que todos queremos subsistir a toda costa.
Una cabeza loca pensante
Si algo definiera al inglés Aldous Huxley solamente con leer una biografía insípida de Wikipedia, es que su trasero no estaba hecho para el disfrute de un mismo asiento. Quería estudiar Medicina pero terminó estudiando Literatura Inglesa en Oxford debido a un problema visual que sufrió en su adolescencia. De allí hasta la fecha de su muerte, 22 de noviembre de 1963 (curiosamente, el mismo día en el que murió asesinado John F. Kennedy) Huxley vivió para vivir.
A sus 22 años escribió su primer libro de poemas The Burning Wheel (1916), colaboraba en revistas, se casó, y no fue hasta Los escándalos de Crome (Chrome Yellow ,1921) cuando el joven fue reconocido entre los rebeldes de la vida literaria inglesa. Se convirtió en un gran crítico de la burguesía británica de la época. Para beber de otras culturas, Huxley y su esposa adquirieron un Citroën con el que recorrieron cientos de kilómetros europeos, viviendo en Francia e Italia, y visitando gran parte del continente asiático terminando en EEUU, donde vivieron años mas tarde (aunque siempre a caballo, entre Francia y el continente norteamericano, sin olvidarse de visitar Suramérica).
La inspiración y las vivencias del matrimonio no pasan desapercibidas en las obras del escritor. Comenzó a realizar charlas en universidades, apareció en medios de comunicación y experimentó con drogas (mescalina, utilizada en el tratamiento de la esquizofrenia) para luego describir sus reacciones Las Puertas de la Percepción, (The Doors of Perception, 1954).
La década de los 40, propició numerosas oportunidades para Huxley en el mundo cinematográfico; así participó en el guión de Más fuerte que el orgullo (Pride and Prejudice, 1940) o Alicia en el país de las maravillas (Alicia in Wonderland, 1951).
Deduciendo la clase de hombre que era, ¿Habría apostado por un largometraje protagonizado por Leonardo Dicaprio? Bueno, por lo menos el actor no es un snob inglés. Esperemos que le guste.


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