A pesar de encontrase en pleno centro de Álava, el Condado de Treviño ha sido siempre un lugar desconocido para la mayoría de la gente. Algunas razones pueden ser la falta de grandes ciudades o de infraestructuras turísticas, pero seguramente, la más importante sea la administrativa. Treviño se convirtió en un premio a la victoria que obtuvo el rey Alfonso VIII de Castilla sobre el rey Sancho VI de Navarra en el año 1200. A partir de entonces, el territorio quedó anexionado a Castilla, para más tarde pasar a ser un Condado. Ocho siglos después, sus 1400 habitantes viven en una “isla” rodeada por completo de territorio alavés pero que legalmente pertenece a la provincia de Burgos.
A unos 15 kilómetros de Vitoria, Treviño nos ofrece 48 pequeñas aldeas en las que perdernos y olvidar nuestros problemas diarios. Al mismo tiempo en él se encuentra el conjunto de cuevas artificiales más importante de España y varias iglesias de incalculable valor histórico.
La comarca ha estado habitada desde la antigüedad, como bien lo demuestran los restos prehistóricos recogidos en la zona. Su mayor prueba la componen las Gobas de Laño. Una serie de cuevas que se extienden entre los pueblos de Albaina y Laño. Estas cuevas fueron excavadas en roca caliza entre los siglos V y VIII después de Cristo por eremitas que rechazaban la visión de la Iglesia y querían desarrollar su propia forma de ver el cristianismo. Se pueden visitar libremente, pero en las cuevas de Santorkaria, cerca de Laño, existe la posibilidad de realizar una visita guiada a través de ellas. Se realiza de martes a viernes a las 12:30 y los fines de semana a las 11:30 y a las 12:30. Su precio es de dos euros y el punto de encuentro es en el principio del camino que va hacia las cuevas. Un sitio un tanto difícil de hallar y que para encontrarlo deberán estar atentos a las señales indicativas después de haber pasado el pueblo de Albaina. Además de Santorkaria, también se pueden visitar las cuevas de la localidad de Faido, Álava, que se encuentra a tres kilómetros de Laño en línea recta. Una vez en Faido, y después de haber paseado por el pequeñísimo pueblo, pronto verán dos señales que les indicarán la posibilidad de visitar las cuevas de Faido y la ermita de la Virgen de la Peña. El camino que lleva a las cuevas es largo y se encuentra totalmente descuidado. Tras la carretera de tierra, deberán pasar una zona de bosque y subir por una pendiente antes para poder llegar hasta ellas. Es fundamental llevar ropa y zapatillas cómodas. Una vez de vuelta de las cuevas, no se olviden de subir el empinado sendero que lleva hasta la ermita más antigua de Euskadi y que además está excavada en la roca. Una vez arriba, sus maravillosas vistas serán una recompensa al esfuerzo realizado.
No podrá faltar la visita a la villa medieval de Treviño. Sus angostas calles y su sepulcral silencio les transportarán directamente a la Edad Media. Lo más destacado del pueblo es la iglesia de San Pedro Apóstol, una construcción gótica del siglo XIII, y la casa consistorial de Treviño datada del siglo XVI. Paseando por sus calles llegarán a la parroquia de San Juan Bautista, la cual fue levantada sobre un antiguo edificio románico. Desde ella podrán contemplar unas esplendidas vistas del pueblo.
Si quieren conocer un poco más a fondo la historia de la villa no duden en realizar la visita guiada a la localidad. El punto de encuentro es en el ayuntamiento. Su precio es de dos euros y comienza a las 11:00 de martes a domingo.
Para comer o cenar pueden recurrir al “Bar Roa”. Buena comida y mejores precios son sus señas de identidad. En él podrán disfrutar de sabrosos platos combinados y de un trato muy personal. Si prefieren un menú del día, la mejor opción es el “Bar restaurante Venta de Armentia”, en la carretera Vitoria-Peñacerrada. Pero cuidado, ya que no ofrecen cenas. A la hora de pasar la noche no existen demasiadas posibilidades. Pueden buscar un alojamiento en Vitoria, pero si lo que prefieren es disfrutar de la tranquilidad del campo, nada como el agroturismo “Aldeas de Treviño”, en el municipio de Argote. Un enorme edifico de piedra decorado con muebles artesanales y una cuidada estética. En él se encontrarán como en casa.
Otra villa medieval es La Puebla de Arganzón, declarada como Bien de Interés Cultural por su conjunto histórico- artístico.
Tras ello, otra visita obligada es a la ermita de La Purísima Concepción en el pueblo de San Vicentejo. Fue construida a mediados del siglo XII y se trata de toda una joya del románico castellano debido a su originalidad y belleza. Se puede visitar de martes a domingo de 10:00 a 14:00.
Cerca de San Vicentejo se halla el que probablemente sea el pueblo más famoso del Condado, y eso que se encuentra deshabitado. Se trata de Ochate, un asiduo de los programas de misterio y dónde según dicen han ocurrido fenómenos paranormales. A pesar de ser visitado frecuentemente por curiosos, su entrada no es fácil de encontrar. Tanto es así que, en nuestro caso, decidimos desistir en su búsqueda debido al intenso calor que hacia y, sobretodo, a la falta de combustible. Quizá la próxima vez.


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